Uso del lenguaje

Capítulo 3 del libro Cómo ser profesor y querer seguir siéndolo. 
Encina Alonso.  Editorial Edelsa, 2000


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Patricia M. Rey

El lenguaje en el aula de idiomas

La autora comienza este capítulo con la propuesta de reflexionar sobre distintas cuestiones del uso del lenguaje en el aula de idiomas: los momentos en los que hablan profesorado y alumnado en clase; los silencios y las reacciones que se dan ante los mismos; las lenguas que se hablan en el transcurso de la clase (lengua meta, lengua materna y una tercera lengua común entre el alumnado y el profesorado); las diferencias y similitudes entre mi forma de hablar en la vida cotidiana y mi forma de hablar cuando doy clase de español. Un tema especialmente interesante para mí, por ser ésta una cuestión que a priori no me había planteado. 

Como lectora me resulta muy interesante esta estructura interactiva, en la que se propicia la pausa y la toma de conciencia del lugar en el que estoy como docente de español. Así, he asimilado conocimiento y también lo he producido.

uso del lenguaje

Conclusiones.

Dos conclusiones importantes tras la lectura de este capítulo. Primero, la importancia de de haber sido alumna antes que profesora; y en concreto, haber sido alumna de idiomas.

Porque gracias a esta experiencia puedo integrar con conciencia algunas de las reflexiones que comparte la autora. Así, cuando reflexiona sobre los silencios en una clase y dice que “al responder en una segunda lengua, el alumno tiene que pensar no solo en lo que dice, sino en cómo lo dice” (pág.48). Parece obvio, pero no por ello tenemos que dejar de tenerlo presente en nuestra práctica. O cuando asegura que el alumnado debe acostumbrarse a que los profesores necesitamos tiempo también, para dar una respuesta y reivindica que el profesorado no es un diccionario o gramática parlante, ni debe serlo. Huelga decir que hay que dar respuestas, y entiendo que la fluidez en el manejo de una lengua denota calidad en el uso de la misma.

Así mismo, me parece interesante la amplitud de perspectiva sobre las competencias profesionales del profesorado que me ofrece esta reflexión. Entender que el profesorado competente, hace mucho más que recitar y saber de memoria, rompe ese modelo fijado desde siempre en mi imaginario. Como alumna he sentido en ocasiones que el profesorado que lo sabe todo y al instante, es el mejor, llegando a valorar ese rasgo como el más importante tanto en ellos como en nosotros-estudiantes. Y haber sido alumna me hace entender con sentido cuando leo en la página 49 que “el alumno sigue sin entender pero empieza a ponerse nervioso, porque se da cuenta de que a causa de su pregunta el profesor/a lleva cinco minutos hablando sin que el tema interese al resto de la clase”. De este modo, una gestión no adecuada del profesor de la pregunta formulada,  puede influir en la predisposición futura del alumno para compartir sus dudas, por ejemplo.

La maestra rural

Fotograma de la película La Maestra Rural.

La segunda conclusión -más bien revelación-, ha sido sobre mi estilo de aprendizaje, concretamente en el estudio de lengua española, y en general sobre los estilos de enseñanza-aprendizaje. En la página 54 la autora nos propone cambiar la siguiente explicación “Le es complemento indirecto y la es complemento directo” sin utilizar los términos gramaticales que aparecen. En seguida vienen a mí los verbos transitivos e intransitivos y la dificultad que tuve en el colegio aprendiendo Lengua Española en esos términos. La misma dificultad que sigo teniendo en 2013, para explicarles a otras personas lo que significa. La dificultad de enseñar y la revelación de que saber algo no es igual a saber enseñarlo.

La importancia del contexto para el significado.

Y este proceso de deconstrucción que experimento en mi formación de ELE, cuando para explicarle a otras personas aspectos de mi lengua materna, recurro a la manera en que a mí me lo enseñaron. Como alumnos necesitamos reglas, las más posibles, parece que así tenemos más control. Y justo ahora entiendo la importancia de descubrir el significado de las palabras a partir del contexto, y por tanto, de practicar la lengua. La autora habla de ello en la página 52 cuando enumera algunos de los peligros de la traducción “Olvidar las palabras, ya que es más fácil que ocurra, si solo se da la traducción, porque entonces no se trabaja el contexto y no se tiene ninguna asociación para recordar”. Y de nuevo la importancia del contexto cuando se enseña una lengua en la página 50, donde la autora recoge un ejemplo real en el que un alumno pregunta sobre el significado de la expresión  “meter la pata”. El profesor comienza con una explicación sobre el significado y uso de la palabra “pata” en español. Al final y tras la falta de entendimiento por parte del alumno, recurre a la contextualización. Pienso en la manera que yo utilizaría para explicarlo y este es mi camino. Primero, en qué contexto se suele utilizar: compartir con alguien una información que supones sabe y darte de cuanta de que no es así; decirle algo a alguien con la mejor intención y darte cuenta de que no le hace sentir bien. Segundo, relacionarlo con cualidades e ideas: negativo, inadecuado, conflicto. Me da alegría darme cuenta de que en una semana de formación he aprendido cosas nuevas y tan interesantes como tomar conciencia de cómo me aproximo a mi lengua para poder explicarla. Y de que es a partir de la búsqueda del sentido y el contexto (y no desde la estructura y la norma), desde donde se inicia la enseñanza y el aprendizaje de mi lengua. No quiero decir que  la estructura y la norma no sean importantes sino que el punto de partida no es ése.

Me quedo con ganas de seguir pensando sobre sentido y significado. Y vuelta al contexto, y vuelta al aula y a la vida. La lengua es vida. ¿Será por eso que  siento que estoy aprendiendo tanto de la vida en este curso?  Imagino un aula de Lengua Española en la educación obligatoria donde se aprendiera así, desde este enfoque. Ahora entiendo por qué me aburría tanto aquel análisis pormenorizado y repetitivo de las oraciones una y otra vez. Las palabras, el lenguaje y la lengua han de estar al servicio de la comunicación.

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Otras reflexiones a partir del texto:

         ¿Cómo gestionar la frustración de mi alumnado? ¿Cómo gestiono yo mi propia frustración?

         “Por diferencias culturales y formas de vida hay palabras o expresiones que son muy difíciles de traducir” (página 51). Cuando me enteré de que cama de matrimonio en inglés es double bed y entendí que cada lengua es una forma de entender el mundo.

         No dar por hecho que nuestro alumnado sabe utilizar el diccionario en su lengua, y menos que conoce la terminología lingüística.

         Dar las instrucciones en positivo, evitando incluir en ellas lo que no hay que hacer y comprobar que se han entendido preguntado qué hay que hacer, no si se ha entendido.

         La sinalefa y entender que pronunciar “demasiado bien” puede hacer que deformemos el lenguaje. Para ello, la propuesta de la autora es “cuidar nuestra pronunciación igual que lo hacemos cuando hablamos en público”, sin perder la naturalidad (página 53-54).

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